Artículo original de El Espectador :
Como se vale soñar, quiero seguir soñando y pensar que este tiempo se abre para las nuevas generaciones. Jóvenes de Colombia, este es su momento.
Por: Yolanda Ruiz
Me emocioné, como muchos, al verlos con sus velas, flores y pancartas, con la ilusión en los ojos, con las ganas de ver un país en paz que puede buscar salidas a sus mil problemas sin matarnos.
Que se jubilen por fin los expresidentes, todos ellos, y que hablen los jóvenes desde las aulas, desde las calles, desde las redes, con su cerebromultitask. Que no hereden los odios ni los miedos, que nos obliguen a pensar distinto a quienes los precedimos y que no hemos sido capaces aún de heredarles un país en paz. Que insistan y presionen para que prime la sensatez y no la política.
Que hablen los jóvenes de las universidades públicas y privadas, los desempleados que esperan oportunidades, los que no creen en nada y los que se quieren comer el mundo. Que se escuchen sus voces y sus silencios en las plazas de Bogotá, de Turbaco, de Barranquilla, del Tambo y de Bojayá. Que retumben sus pasos en la Guajira, en el Valle del Cauca, en el Huila y en Caquetá para que no pierdan el foco los que deciden su futuro y recuerden en esas mesas donde se cocinan acuerdos, que este país no quiere más guerras.
Jóvenes de Colombia, es el momento de recordar una y otra vez que ustedes son los que ponen los muertos de todos los bandos. Los que hacen las guerras los vistieron de camuflado y los mandaron al matadero. Es hora de decir que no quieren más ese destino. Ni una generación más en guerra. No más sueños jóvenes truncados en un conflicto sin sentido que podemos terminar si todos cedemos un poco. Sin maximalismos, escuchando, incluyendo, ajustando y mejorando lo acordado para que todos lo sientan propio. Esta oportunidad no se puede perder.
Pongo mi fe en ustedes, jóvenes hiperconectados, nativos digitales, que han sido muchas veces indiferentes. Espero que griten desde Twitter y desde Facebook; que manden mensajes de texto, memes y emoticones, que se citen por las redes, que se inventen maneras nuevas que no imagino para hacerse escuchar. Que marchen y canten, que bailen y hagan plantones o vigilias. Que se junten los del Sí y los del No, los ateos y los cristianos. Que se sumen los que se abstuvieron, los que no creyeron. Que no se dejen tocar por los partidos que quieren pescar sus votos de las próximas elecciones en el río revuelto de un país perplejo y atolondrado en la incertidumbre.
El momento exige otras voces y nos obliga a todos a estar atentos. Los de siempre no pueden llevarnos al despeñadero. Suficiente tenemos con la inequidad, la pobreza y la corrupción para que además nos pongan en riesgo de seguir en guerra, en un espiral de revancha. Que haya justicia, pero también generosidad y perdón. No nos podemos enfrascar en discusiones eternas, ni poner los egos y vanidades por encima de un país en vilo. Lo que está en juego es muy grande para dejarlo en manos de un puñado de políticos, muchos de ellos precandidatos presidenciales, que tienen intereses personales más allá de esta Colombia que duele. El cálculo mezquino de la politiquería nos puede empujar de nuevo al tronar de los fusiles. Por eso no se puede parpadear, hay que insistir.
Que hablen los jóvenes y a su lado los artistas, como la gran Doris Salcedo, que nos llevó a las lágrimas con ese homenaje a las víctimas, zurcido y pintado por mil manos. Esa obra nos mostró que de vez en cuando podemos juntarnos para cosas buenas. Que se sumen también los bailarines y los cantantes, los teatreros, los deportistas y los escritores. Que se escuchen poemas y canciones; que el ruido del mensaje sea atronador para que lo escuchen en La Habana, en Quito, en Bogotá. Jóvenes de Colombia, si otros momentos se perdieron y con ellos miles de vidas, este no puede desaparecer. Este es su momento. En ustedes hay esperanza.
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